Los Mea Culpa de una Reforma

Esta entrada cumple dos propósitos: por un lado marca el regreso del Retroblog después de un corto exilio de la web por motivos que solo competen al autor y, por otro lado, supone la desvirgada de la sección del Retrogodo del momento. En esta ocasión no sólo tenemos reina, sino que también virreina y primera princesa. Las tres, retrogodas de armas tomar.

Corresponde la corona y cetro de reina en esta primer edición del Retrogodo del momento, a la ya famosa y vituperada comisión de conciliación del Congreso para la aprobación de la reforma a la justicia y que, haciendo gala de su rimbombante nombre, tenía como único fin, conciliar y unificar los textos de la reforma, aprobados tanto en el Senado como en la Cámara, en una sola redacción. Ni más, ni menos. Cabe resaltar que los textos de la tan sonada reforma ya habían pasado los ocho miles debates reglamentarios tanto en la plenaria de la Cámara y el Senado y, por lo tanto, cualquier interpretación o modificación a los mismos constituye una grave extralimitación de funciones de la dichosa comisión.

Y sin embargo, en un ejercicio de la más astuta y ladina idiosincrasia chibcha, la comisión de conciliación del Congreso, que bien podría llamarse la banda de los doce©; logró a ultima hora, a puerta cerrada y a espaldas del país, introducir no uno sino cuatro ‘micos’ que claramente favorecen la corrupción de cuello blanco y fomenta la impunidad para los chanchullos a los que ya nos tiene acostumbrado buena parte del Legislativo. Ya se frotaban las manos los amigos del AgroIngreso Seguro, la parapolítica, yidispolítica y demás aficionados a las gabelas y prebendas.

No me quiero extender acá sobre cada uno de los micos. La obtención de esa información debe ser obligación de cada ciudadano que se precie de tener una opinión y aún más importante, que quiera trascender la neurosis histérica del comportamiento indicial como búsqueda histriónica de la buena impresión. Léase lo anterior como la indignación que replican las redes sociales apenas sale a la luz pública esperpentos como el tema en cuestión pero que, poco reparan en el verdadero meollo del asunto: ¿cómo carajos es que en Colombia elegimos a semejantes legisladores que representan si acaso las expresiones más sospechosas y bochornosas que nos pueden describir como sociedad? Clientelismo, improvisación, oportunismo, maniqueísmo, pesca en río revuelto, etc. Y vale la pena que tratásemos de superar por un momento el ya desgastado argumento de que los que votan en Colombia son los estratos más bajos y cómo estos, sólo acuden a votar en masa por aquel candidato que reparta más tamales y cerveza. Son tan culpables los que no salen a votar en el estrato seis, como los que votan impulsados por una foto con el ‘Doctor’ o una invitación al banquete de la mesa que más aplauda. Necesitamos menos indignación y más conciencia política. Yo sé que suena difícil cuando aparentemente, todos los ‘Doctores’ parecen cortados con la misma tijera.

Hablando de indignación, esto nos lleva a la virreina del Retrogodo del momento: el presidente de la cámara de representantes y Director del Partido Liberal, el honorable y ahora poco digno, Simón Gaviria. Siguiendo los pasos de otra ex-reina, Gaviria admitió leer la Reforma pero ‘no advirtió‘ los micos ya que “no son textos fáciles de leer”. Como sugerencia para el doctor Gaviria, le aconsejamos aplicar las Técnicas Americanas de Estudio® y su método de lectura rápida sólo a la revista Jet-Set, el albúm de chocolatinas Jet y en general, a cualquier revista sobre aviones que de esos, hay resto en el Congreso. Esperamos de igual manera, que la indignación bobita que causó en Twitter, dure al menos hasta una próxima votación que de pronto vaya a necesitar el pobre Simón.

Finalmente, la banda de primera princesa retrogoda del momento se la ganó en franca lid el Ejecutivo en cabeza del presidente Santos y el ministro Esguerra. Inaceptable lo del ministro, que primero dijo “celebrar” la aprobación de la reforma tal cual fue entregada por la comisión y luego salió a decir que no estaba de acuerdo con ciertos apartados del texto final. Señor (ex) ministro: to be or not be? Una pregunta que cualquier candidata de reinado podría responder con creces. Queda mal parado el presidente Santos que estoicamente dice “aceptar” las implicaciones políticas del reversazo que ahora se viene. Que no le pese la banda mister President. Se viene la contrarreforma y con ella la espera de miles de colombianos que como el señor que se robó un cubo de caldo de gallina, esperan una justicia más justa (toda una paradoja retrogoda), ágil y eficiente que cubra a todos por igual.

2 pensamientos en “Los Mea Culpa de una Reforma

  1. Sí, Alejo, el tema de la indignación es “harto delicado” o “jarto por delicado”; causa impresión el grado de “delicadeza” -se delicaron- de periodistas, ejecutivos, legislativos y judiciales, y de oficinistas -osea ejecutivos también-, madres cabeza de familia, profesores, las de los tintos, los choferes, los empresarios, los guachimanes…todos indignados mejor dicho!!! La verdad tanta indignación se me hace sospechosa…creo que no sabemos lo que es esa palabra, creo que no nos interesa, creo que más que indignados estamos estupefactos, paralizados, porque la reforma a la justicia es un espejo en el que, como sociedad, horrorizados vemos lo que somos…evasores, aprovechados, oportunistas, moralistas, prejuiciosos, corruptos y un largo Etc. Sí, claro que hay ratas en el congreso, pero también las hay en las aulas, en los taxis, en el seno familiar, en las calles, al volante, con uniforme y sin uniforme…pululamos!! pero lo mas cómodo es “indignarse” por las acciones de los demás. Para fisgonear un poco sobre el valor de la indignación toca re-leer a Phlip Roth y su “INDIGNATION” !!

    Chévere el espacio!!

    • Muy válido su comentario. Sorprende que en Colombia, aún con todos los desfases e injusticias que a diario se presentan, la indignación, en la mayoría de casos, no pase de lo anecdótico y reaccionario. Lo que más llama la atención, es que acá estamos adoptando la sospechosa costumbre de indignarnos por cosa que se vienen gestando desde mucho atrás, en el penúltimo momento. Al menos así, se disimula la ignorancia y desconocimiento por el contexto y, se queda menos peor. Es propio de fariseos rasgarse las vestiduras en público. Más allá de los ‘artículitos’ de última hora, la reforma a la justicia llevaba dos años gestándose.¿Dónde estábamos todos hace dos años? Gracias por leer.

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