Crónica del Comic Con New York 2012

Nutrientes en abundancia. Nutrientes, proteínas, carbohidratos. Una barra multicereal o de chocolate (Chunky Kit-Kat) y una buena cantidad de líquidos para soportar una jornada de casi 12 horas. Un buen par de zapatos. Ponerse desodorante, como sugiere el príncipe del Rap. Aguantar pisotones. Hacer filas por eones enteros. Disfrazarse. Programarse.

O no programarse. Multiplicar esa fórmula durante cuatro días. Bienvenidos a la segunda convención más importante sobre cultura popular en los Estados Unidos. Bienvenidos a Comic Con Nueva York 2012.

EL CAMINO HACIA HELL´S KITCHEN

El Javits Center, sede de la convención, queda ubicado a orillas del Hudson en uno de los sectores más emblemáticos del Midtown neoyorquino: Hell´s Kitchen. Cuenta la leyenda que de niño, un tal Daredevil corría y jugaba por sus calles. Hell´s Kitchen resulta ser un nombre apropiado cuando uno empieza a recorrer el vecindario para dirigirse hacia el Comic Con: apenas cruzo la octava avenida me topo con un Spiderman rollizo, rodillijunto y patiapartado. Detrás de Spidey, una pelirroja disfrazada de elfa o bruja, o no se de qué demonios. Entre los dos, un mocoso que no tiene más de cuatro años que me mira y dice “I´m Batman”.

-Oh, really?- le digo lanzándole una mirada inquisidora.

-Hell, yeah!

Por quedarme mirando a mini-Batman casi me atropella una camioneta que atraviesa la calle a una velocidad endemoniada. Me pita furiosamente. Por la ventanilla un Hellboy saca su cabeza y me lanza una mirada desquiciada. El tubo de escape de la camioneta suelta un humillo que huele a puro azufre. Ya casi llegan al Javits. De la nada, empiezan a surgir de todos lados montones de personajes sacados de las películas, videojuegos y cómics más inverosímiles. Identifico a la mayoría de ellos pero se me escapan unos cuantos que en mi vida había visto. Qué carajos. Si veo una sola alma disfrazada de Swamp Thing, esa será la foto que me he de tomar.

Por ahora la regla en este sector de la ciudad consiste en disfrazarse y dirigirse a un centro de convenciones donde se reunirán aproximadamente ciento doce mil personas. Todas estas personas aficionadas al Cosplay, los Cómics, el Anime, los Videojuegos, la Ciencia ficción, el Fantasy, Star Wars, los juegos de rol, y a Mi Pequeño Pony. Y no siempre en ese orden. Entre ellos se reconocen así no se conozcan y ésto es lo más parecido que he visto a una tribu. Se empiezan a armar filas desde tres frentes distintos cuando todavía faltan unas cinco cuadras para llegar al Javits Center. Nos unimos a una de las filas y quedamos justo detrás de un Bane muy pecoso y demasiado raquítico que se voltea y nos dice, -The city is yoouuuursss!

Sin duda alguna debe ser la peor imitación de Bane jamás vista sobre la faz de la tierra pero, ¿quién soy yo para criticar el talento de Bane? Aquí lo que importa es el esmero que se toma cada cosplayer para armar su disfraz. Eso y la actitud que acompaña a los asistentes del Comic Con.

MISSIONS AND SIDE MISSIONS

Asistir a este tipo de eventos necesariamente implica tener que enfrentarse a grandes multitudes. Me pueden las multitudes. Detesto los gentíos y -en general- cualquier congregación de personas que supere los cuatro pelagatos. Y por sobre toda las cosas, en la medida de lo posible, jamás haré una fila. Y hacer filas en este país, déjeme decirle, hace parte del American Dream. Eso y la premisa “First come, first served”, porque esto es democracia; sin preferencias, sin colarse, sin etiquetas. Plantón para todo el mundo.

Pero vine acá con una misión: el señor Anthony Johnston debe autografiar mi ejemplar de Yuggoth Cultures. De paso, don Anthony y el talentoso Facundo Percio, podrán firmar también mis cómics de Fashion Beast. Los dos títulos anteriores puede que no le suenen mucho al lector desprevenido pero entusiasman a quienes estén familiarizados con la obra del soberbio Alan Moore. Lastimosamente, el señor Moore jamás cambiaría su reclusión voluntaria por venir a una convención llena de fanáticos histéricos.

Finalmente como misión imposible: saludo, foto y firma del señor Stan Lee. Un combo que según entiendo puede costar unos setenta dólares y mucha paciencia. Si esto fuera un videojuego, lograr esta última misión con toda seguridad daría un trofeo de oro o platino. Pero antes debo asimilar toda la histeria que ha desatado The Walking Dead.

THE WALKING DEAD Y CÓMO HACER DINERO A BORBOTONES

El año pasado todo el mundo aún enloquecía por los vampiros y Doctor Who. Ya no. Miento respecto a los últimos. Los Whovians no tienen remedio. Pero el punto es que, este año, todo el mundo ama a los zombis y un poco -solo un poco- al villano de turno, Bane. El negocio son los zombis, específicamente, los que aparecen en The Walking Dead. Una valla gigantesca de Rick Grimes (Andrew Lincoln) recibe a los visitantes del centro de convenciones. Y a dos días del estreno de la tercera temporada, esta es la vitrina perfecta. Las escarapelas de prensa y “All-Access” están endosadas por la franquicia. Esto demuestra lo “casual” que puede ser la audiencia en general: el cómic de Robert Kirkman lleva publicándose desde el 2003 pero no fue sino hasta el inicio de la serie televisiva para que la gente se contagiara con este virus de manera exponencial. Es un “boom” que luce como unos sesos carcomidos, hiede a tripas escurriéndose por el vientre bajo de un recién mordido: -¡Uuughh! ¡Buuuakghh!¡Arrrrgh! …alguien debería atravesar con una estaca la cuenca ocular de esta zombi-franquicia y pronto.

La palabra Cómic en el nombre de este tipo de eventos (incluyo acá el San Diego Comic Con) es un apéndice del pasado. Porque en realidad estos eventos cada vez tratan menos sobre los cómics como obras gráficas y más sobre el concepto del cómic como franquicia. Y de este concepto sobrevive la industria. En licenciar sus personajes, universos y arcos narrativos. Dinero a borbotones.

Lo cual es bueno. El interés en el cómic se ha reactivado, en parte, porque alimenta directamente a industrias como la de los videojuegos, el cine, la televisión, los juguetes y otras cuantas. Para muchos artistas independientes del Cómic asistir a estos eventos representa la oportunidad de trabajar bajo comisión; vender una historia o personaje a algún estudio, ya sea grande o independiente, que vea potencial para explotar dichas obras bajo otros formatos. Pero también los monstruos de siempre, diga usted, Marvel y DC Comics, han podido capotear más de una crisis a punta de mutar y adaptarse a nuevos formatos y nuevas formas de consumo. Es sabido que la gente ya no lee. ¡Ustedes, ya no leen! En mi caso en particular, hace tiempo dejé de comprar ediciones físicas, excepto por alguna que otra novela gráfica. Los cómics que leo hoy en día, todos van por Comixology en el iPad. Pero para Marvel o DC, tampoco es ahí donde está el negocio. Ambas, convertidas en productores y estudios cinematográficos, han creado sinergias altamente lucrativas en los últimos diez años. Todos hemos sido testigos de las proezas de las películas de Nolan, los X-Men, los Vengadores, etc., etc.

Lo anterior resulta aún más evidente cuando logramos entrar al pabellón principal: aquí están todos los “juguetes” y visualmente, es un deleite para cualquier aficionado. Comenzar a deambular como niño chiquito y ver en un mismo lugar a Marvel, a la gente de DC Comics, Vertigo, Dark Horse e Image. Reconozco los stands y las “booth babes” de marcas como Square Enix, Sony Playstation, Nintendo, Capcom, TBS, AMC, Lego, etc. Cada una con un kiosco más impresionante que el de su competencia. Tiene sentido. Esto es la cultura pop en su máxima expresión: la del consumo masivo. Menos mal traje una cantidad limitada de dinero y ninguna tarjeta de crédito.

Necesito largarme rápido de este pabellón. El gentío es insoportable. En un punto del recorrido, me hago amigo de una Princesa Leia a quien le pedí que se tomara una foto con nosotros. Nos cuenta como le encantó “Columbia” cuando vino al SOFA de Bogotá en el 2010. Este pequeño dato es significativo y da cuenta de la pasión que mueve a los cosplayers. Pocos días separaron las versiones del SOFA de Bogotá y el Comic Con New York de ese año. Nuestra Leia asistió a ambos eventos con tal de poder andar disfrazada ya que según sus propias palabras, ese era su destino en la vida. Por alguna razón terminamos dando casi una vuelta entera detrás de un Optimus Prime -que creo, estaba a punto de morir asfixiado-, antes de poder salir del recinto. Nos despedimos de Leia y trato de ubicarme para llegar al Artist Alley, el pabellón dónde se ubican los creadores de cómics.

VER –>; ;Behind the mask: especial de ;”THE VERGE” sobre NYCC 2012

FIRST COME, FIRST SERVED

Hay tantas cosas para hacer, tantos personajes para ver, tantas figuras reconocidas para escuchar o fotografiar, que es difícil establecer un recorrido por el Javits sin sentirse un poco ansioso. Los paneles y conversatorios son eventos muy estimados por una parte específica de los visitantes que se dan cita. Son éstos eventos en particular los que movilizan la sustancia y esencia de la gente que aún colecciona cómics. A las tres de la tarde de este viernes, el Comic Con está a reventar: solamente en el hall de recepción hay alrededor de doce mil personas. Es como un Apocalipsis…de zombis. De locos. Cruzar por ahí para llegar al Artist Alley va a ser tedioso, caluroso y sobre todo, oloroso. He aquí la importancia del desodorante. Pero esto no es nada comparado a lo que se avecina el domingo, el día del cierre. El pabellón donde se lleva a cabo la firma de autógrafos y conversatorios con los invitados especiales queda a medio camino, de modo que decidimos meternos ahí primero y buscar la mesa donde se encuentra el mítico Stan Lee.

Entramos y vemos alrededor de 10 filas perfectamente alineadas. En cada fila hay alrededor de unas ochocientas personas. “First come, first served”. Pero hay una fila que no es una fila. Es una serpiente. Nuestra sospecha es confirmada por el último de la fila, un Wolverine de rasgos asiáticos que se apresta a desempacar una silla plegable y devorar una pizza que se ve de todo menos apetitosa. Es posible que el señor Stan Lee muera plácidamente (toco madera), antes de poder cobrar los setenta dólares por estampar su firma en el cómic o coleccionable que muy seguramente, Wolverine lleva consigo. En otra ocasión será. Quienes deciden hacer fila y esperar entre tres y cuatro horas para hacerse con un autógrafo, al menos tienen la dicha de entretenerse mirando un partido de Quidditch que se juega en una cancha improvisada en el inmenso pabellón. Son bien intensos y leales esos fanáticos de Harry Potter. Decidimos que el Quidditch es para Whovians con trastorno de personalidad y enfilamos hacia el pabellón de artistas y creadores.

Llegar a la mesa de Anthony Johnston y Facundo Percio nos toma una media hora. Pero antes damos una vuelta por el Artist Alley. Damos con Ben Templesmith cuyo “30 Days of night” es de mis nuevos títulos favoritos. El señor Ben quiere treinta dólares por dejarse tomar una foto posando conmigo. Muy astuto en verdad, un dólar por cada noche. Todo un vampiro. Le digo que voy al cajero y que luego regreso. Son treinta segundos de decepción y ya.

Al llegar a esta sección de la convención, nos sorprende que esté medianamente accesible. Me conmuevo un poco con un tipo de lo más querido. Se llama Onrie y tiene montañas de cómics sobre la mesa y me hace un breve resumen de su obra. El título –Yi Soon Shin: Guerrero y Defensor-, me parece fatal. Los cuatro ejemplares que componen la serie, por tan solo diez dólares. Sospecho que Onrie vendía Biblias antes de descubrir su talento por los cómics. Su técnica de ventas resulta eficaz y siento que estoy haciendo una buena obra y una buena inversión a pesar del trillado título. Al fin vemos la mesa de Avatar Press, editorial independiente que edita Fashion Beast y esa magnífica compilación como lo es Yuggoth Cultures.

Anthony Johnston y Facundo Percio están felices de vernos llegar con nuestros cómics. Aparentemente somos los primeros en pasar por su stand y reconocerlos. Nos debatimos entre sentirnos afortunados por ser los primeros y no tener que hacer fila, y la tristeza de ver cómo el trabajo de estos artistas no llama la atención como si lo hacen todos esos juguetes de Lego y esas figuritas de Batman y amigos. Hay firma de autógrafos, fotos y conversaciones sobre la mitología lovecraftiana. Todo es chévere y nos reímos juntos de las míticas excentricidades de Alan Moore. He aquí, que podemos tener el inmenso privilegio de terminar este día conversando con esta dupla de creadores de historias fantásticas. Era parte del encanto de venir hasta acá. First come, first served. ***

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3 pensamientos en “Crónica del Comic Con New York 2012

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