La U desconectada

Nota: Esta entrada, bajo los actuales estándares de lectura, es extensa (1882 palabras). Léala solo si no tiene nada más que hacer o leer. Queda advertido.

PARTE 1: MUCHO AZÚCAR, POCA PROTEÍNA

La Revolución Digital ha llegado a las universidades colombianas en forma de salas de cómputo dotadas con sendas computadoras Mac y similares que a duras penas, los estudiantes tienen permitido encender. Se ha materializado en redes Wi-Fi que restringen el acceso a sitios que contengan la palabra sexo y afines. La Revolución Digital ha hecho presencia en las universidades colombianas en forma de Aulas Virtuales completamente desiertas, basadas en plataformas obsoletas, donde lo único que hacen los profesores es ahorrarle plata en fotocopias a los estudiantes. Todo esto sucede mientras los estudiantes debaten si es mejor comprar un iPhone o un Samsung Galaxy. Las carreras del futuro se han definido en forma de cursos y diplomados de dudosa efectividad y de corto alcance. Se le ha hecho creer a los incautos que es indispensable aprender Photoshop, abrir un perfil en Facebook; aprender a redactar en 140 caracteres. De manera casi sospechosa, se ha popularizado la idea de que las Redes Sociales (importantes, pero subvaloradas e incomprendidas aún) y su aplicación al Marketing han sido el mayor logro de la Revolución Digital.

Quienes acuden a las universidades en búsqueda de educación que esté alineada con los requerimientos actuales del mercado laboral, se encontrarán con cursos improvisados, pasados por licuadora y listos para ser consumidos. Mucho azúcar, poca proteína. Mientras tanto, conceptos como la Web Semántica, Realidad Aumentada, Big Data, Computación Ubicua, “Quantified Self“, Computación en la Nube e Inteligencia Artificial, aún suenan a Ciencia Ficción y en las universidades todavía se debate si los anteriores conceptos tienen aplicación alguna, y si acaso, merezcan la pena de ser estudiados. En un mundo dominado por las competencias que se logren desarrollar, sea de manera autónoma o de manera colegiada, lo significativo está dado por la capacidad que se tiene para demostrar de manera productiva la adquisición de nuevas competencias. Y en esto las universidades salen a deber. Se prefiere otorgar títulos y diplomas antes que brindar conocimiento competitivo y práctico.

EL ROL DE LA UNIVERSIDAD

A la Universidad se le exigen profesionales y resultados que, bajo el actual modelo, no está en capacidad de entregar, ni de formar. Ha sido lenta, reacia e ineficaz a la hora de adoptar las nuevas tecnologías. Es tiempo de considerar un modelo alterno que aparte de ofrecer unos costos finales menores para los estudiantes, se oriente y se enfoque en el aspecto práctico y utilitario que se espera de la Educación Superior en un mundo dominado por la Web como fuente infinita de información. La problemática de la formación universitaria y su desconexión con la realidad productiva – planteada desde el cambio social y tecnológico impuesto por un mundo globalizado- tiene múltiples facetas y diversos orígenes, pero subyace siempre al tratamiento dogmático que ha recibido la educación en Latinoamérica. La mercantilización y  la politización de la Educación siempre han estado en el orden del día. Tanto las agendas como los programas de gobierno históricamente han centrado su discurso en el acceso y la cobertura, dejando de lado aspectos fundamentales de la Universidad como motor de innovación, investigación y fomentación de nuevos saberes absolutamente esenciales en una época definida por la Revolución Digital.

En la emergente economía del conocimiento no es posible que el sector empresarial o industrial invierta en la Academia si esta no se pone al día en lo que realmente debería estar haciendo. La Universidad debería estar enfocada en proveer gente que cuente con habilidades definidas no solo por el conocimiento impartido en un momento histórico particular, sino también por la capacidad de actualizarse, reinventarse y sobre todo, con la capacidad de transformar ese conocimiento en utilidades y dividendos. En un mundo donde gran parte del conocimiento ya se encuentra digitalizado y disponible de manera gratuita, cada vez es menos relevante lo que se dice haber aprendido; dónde se dice haber adquirido, y el tiempo que se empleó para adquirir dicho aprendizaje. La cuestión de fondo se reduce a saber con certeza para qué se persigue una formación académica; qué es lo que se puede hacer con el conocimiento adquirido y cómo este conocimiento da forma a la obtención de nueva información que alimenta todo el ciclo educativo.

Las universidades han gastado un tiempo considerable transmitiendo información y poco en generar conocimiento. Por definición, el conocimiento es innovador y emprendedor. Si la Universidad no genera innovación y no promueve un espíritu emprendedor en sus estudiantes, ¿qué le queda al aparato productivo de un país?

PARTE 2: POR DÓNDE EMPEZAR

DOCENTES DECENTES

Haría bien la Academia en empezar a exigirles mucho más a sus profesores y docentes. Si los estudiantes han de desarrollar competencias que estén acordes a los tiempos actuales, es apenas natural que quienes orienten este proceso estén familiarizados con las competencias que se buscan transmitir. Ya basta de aburrir a los estudiantes con currículos estáticos que no tienen en cuenta el panorama actual. Muchos docentes vetan el uso de la Web como mero ejercicio de resistencia con tal de preservar el Statu Quo que impera en muchas instituciones. La única expresión en inglés que muchos profesores dominan es el “Copy & Paste”. Este concepto se esgrime como principal argumento para vetar el uso de Internet en sus clases.

Tanto el estudiante como el docente deben adquirir procesos estructurados para la sustracción, análisis e interpretación de la información. Las carreras en demanda a mediano plazo están inevitablemente ligadas al análisis e interpretación de grandes cantidades de datos. El famoso Copy & Paste es en parte un problema de alfabetización digital del cual sufren tanto estudiantes como profesores. Leer y escribir son solamente los primeros pasos de un proceso de alfabetización digital: el objetivo está dado en el desarrollo de nuevas formas de consumo, reproducción y retransmisión de la información. El aprendizaje en la Web tiende a ser visual. Es apenas natural entonces que recursos como las infografías, la narrativa digital y los entornos interactivos se deban tomar las aulas de la Universidades. Tanto profesores como estudiantes no solo deben aprender a consumir este tipo de contenidos, sino también a producirlo.

HEURÍSTICA & EMPRENDIMIENTO

De la mano con el anterior planteamiento, vale la pena echar mano de las bondades del proceso heurístico (Una “gloogleada” concienzuda dará luces sobre este concepto). El proceso heurístico tal vez sea el ejercicio individual más importante que ha acompañado los procesos de formación personal e intelectual impulsados en la Era Digital.

A pesar de sus particularidades y problemáticas inherentes, los cursos masivos en línea (MOCC, por su sigla en inglés) hacen uso del proceso heurístico con el propósito de articular determinados aprendizajes. Quien asiste a una clase en línea no solamente se está alineando con una tendencia; también esta desarrollando capacidad para resolver problemas de manera intuitiva y de paso, generar conocimiento divergente. Téngase en cuenta que la tasa de rebote y deserción en los cursos masivos en línea es significativamente alta aún. En parte porque en los entornos digitales la asistencia no constituye factor de aprobación o desaprobación. Es un reto cultural.

En el nuevo ámbito de aprendizaje digital la interdependencia y la iniciativa a la hora de formarse resultan claves para adquirir ventajas competitivas. Se tiende a premiar y resaltar la innovación y se incentiva la competitividad mediante la participación y colaboración. El llamado es ser alumno y maestro a la vez.

AULA Y WEB DE LA MANO

A las Universidades en la región queda difícil pedirles que desarrollen recursos en línea bajo el argumento de los costos que esto implica. Argumento eterno pero débil ante la masificación del acceso a la Web. Lo que si se les puede pedir es que integren y expandan sus currículos con una gran variedad de cursos, en línea y abiertos, que ya existen en la red. Universidades tan prestigiosas como el M.I.T., Harvard, etc., han eliminado clases presenciales de sus programas para convertirlos en cursos en línea gratuitos a los cuales todo el mundo tiene acceso y que de esta manera, se convierten en prerrequisitos a las clases que componen el plan de estudios obligatorio de sus programas.

Adicionalmente piénsese en recursos como edX.org, Coursera, Skillshare, TreeHouse, el NMC -por tan solo nombrar unos cuantos – que facilitan la educación basada en la Web y que cuentan con todos los recursos (de nuevo, en su mayoría gratis) para complementar el modelo educativo al cual se debería aspirar. En dicho modelo el balance está dado por estas fuentes de la Web y la dirección y retroalimentación que puede proveer la Academia de manera presencial. Siguiendo este modelo, las aulas de muchas universidades en los Estados Unidos, Asia y Europa, han dejado la cátedra a un lado para convertirse en verdaderos laboratorios donde profesores y estudiantes se reúnen a intercambiar ideas e inquietudes.

ESTUDIANTES QUE HAGAN LA TAREA

También hay retos para los estudiantes. En países como Colombia, no cabe un abogado más. Es tiempo de poner la mirada en nuevas carreras, mucho más promisorias. Hay que dejar de asistir a la Universidad si la única motivación está representada en la obtención de un diploma. Hay que entender que las universidades están pasando por un proceso de transición donde lo que menos importa es el tiempo que se gasta completando una carrera. Los tres o cuatro años que se invierten en promedio para completar una carrera, se pueden aprovechar de manera mucho más eficiente si se abrazan los recursos disponibles en la red. Nadie debería asistir a una Universidad por sus instalaciones o equipamientos. Ni qué decir tiene que el dominio del inglés debería ser obligatorio en cualquier programa de educación superior. Es una de las grandes desventajas con la que cuenta la educación superior en Colombia. Si bien los recursos de Internet están al alcance de todos, solamente el 5% de la información se encuentra disponible en Español.

EN FIN

La Revolución Digital ha sido a su manera una Segunda Revolución Industrial. Ha creado nuevos tipos de habilidades y competencias; nuevos mercados y  nuevas economías. La tarea primordial de la Universidad no debe consistir en ofrecer el producto, tendencia o herramienta del momento. Su esfuerzo se debe centrar en identificar cuál es la manera más efectiva de usar los recursos de la Web y de la Revolución Digital para aplicarlos en su propio desarrollo y fortalecimiento. Es la Web en función de la Universidad y no al revés. La Web ni es enemiga de la Academia, ni la va reemplazar. Ya viene siendo hora que desde la Academia se produzca un cambio que la acerque a los beneficios de la Revolución Digital.

Hay motivos para ser optimistas. En Colombia iniciativas como la del Ministerio de Tecnologías (MinTic), conocida como programa Talento Digital, ya están gestionando recursos en la dirección acertada. Vale la pena invertir en el desarrollo de talento humano. Sobre todo cuando en Colombia los jóvenes parecen dispuestos a apropiarse de las nuevas tecnologías. El establecimiento y expansión de comunidades de usuarios y de encuentros presenciales en búsqueda de desarrollo colectivo confirma lo anterior. Pero la Revolución Digital no solo beneficia a los jóvenes. También brinda alternativas y posibilidades para que profesionales de generaciones anteriores puedan permanecer actualizados, y por qué no, hasta para poder reinventarse.****

Un pensamiento en “La U desconectada

  1. Buen ejercicio este de escribir y describir una relación eternamente tormentosa: tecnología y universidad. Un laberinto plagado de mitos y leyendas que hace recordar la talentosa -pero añeja- parábola del maestro Eco: apocalípticos e integrados; hoy, como en plena guerra fría, los profesores las usamos o no las usamos, les creemos o no les creemos, las odiamos o las amamos, en pleno siglo XXI es difícil encontrar discusiones transversales y en grises que permitiesen a la academia salir de la dicotomía que carcome sus PEI´s: ¿educar para el mercado o educar para transformar? De ahí en adelante, para la universidad (en particular la colombiana)- las -tontamente- llamadas nuevas tecnologías son un accidente y hasta un encarte que se supera con aulas “virtuales” en moodle.

Retroalimentación

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