GTA V-El diario de Trevor Phillips

Día 1.

Y entonces desperté.

Confundido, desorientado. Un pelín borracho. Ya perdí la cuenta de cuántas veces he despertado así. Creo que le llaman Deja Vú. Los detalles varían pero el resultado siempre es el mismo. El último ha sido de lo más inquietante. Desperté en la parte más alta de una montaña, a las afueras de Sandy Shores, y llevaba puesto un vestido de flores sin mangas. A mi alrededor habían unas cuantas botellas y un cuerpo sin vida. Un nombre ronda en mi cabeza. Laszlo. ¿Quién es Laszlo? ¿Cómo llegué hasta ahí?

Yo y Osito. Juntos hasta la muerte.

Yo y Osito. Juntos hasta la muerte.

Día 2.

Tengo 35 millones en el banco y me deprime. Básicamente porque no sé en qué gastarlos. Tengo todo un portafolio de inversiones representado en acciones y propiedades que reportan su utilidad de manera eficiente. Con Lester, Michael y Franklin, nos hicimos a un Club de Striptease. Tengo un hangar con aviones y helicópteros, un garaje repleto de carros lujosos. ¿Por qué me siento entonces tan vacío? ¿Por qué debo comprar un carro si es infinitamente más divertido robárselo? ¿Estaré perdiendo el gusto por la vida decente? Demasiadas preguntas. Necesito hablar con la única persona que me entiende: Patricia Madrazo, amor mío, mujer de otro.

Algún día, Patricia, te llevaré hasta Estocolmo.

Día 3.

Hoy pensaba en Los Santos y el “American Way”. Capitalismo salvaje, entretenimiento barato y automóviles rápidos. Drogas, Sexo y Rock n’ Roll. Todo esto garantizado por el derecho a portar armas. Los Santos es una ciudad llena de oportunidades… para quien las sabe aprovechar. Fui el primero en ver el potencial del negocio de la metanfetamina antes de que se pusiera de moda. Con uno de mis asociados, el “Chef”, montamos un laboratorio en Sandy Shores. El negocio prometía y comenzaba a prosperar. Hasta que todo se fue al carajo. Los chinos llegaron a Sandy Shores y un tal Heisenberg, en Nuevo México, comenzó a hacer de las suyas. A partir de ahí, todo fue de mal en peor.

Trevor Phillips: empresario, hombre de negocios. Hecho a pulso.

Trevor Phillips: empresario, hombre de negocios. Hecho a pulso.

Hasta que resucitó un muerto. Michael De Santa, ex socio; ex amigo. La historia entre los dos es mejor omitirla, está llena de engaños y traiciones, digna de uno de esos videojuegos que tanto mal le han hecho a la sociedad. A diferencia de Mike, yo soy un hombre de principios. Pero por un último gran golpe hasta yo estaba dispuesto a hacer una tregua. Un último gran golpe para dar por terminada la carrera del último gran psicópata en Los Santos. Por Michael, mi amigo necesitado, yo estaba dispuesto a hacer de tripas corazón. Y por 35 millones también, claro está.

Día 4.

Apenas le tomé la foto, salió corriendo. Terminó cayendo por un barranco.

Apenas le tomé la foto, salió corriendo. Terminó cayendo por un barranco.

Hoy fue un buen día. 3 idas hasta el aeropuerto terminaron en el robo de tres aviones. El último de ellos, un 747. Una máquina formidable. Es algo que podría hacer por el resto de mi vida: robar aviones, volar con el sol de frente, etc. Después, con el radio a todo volumen escuchando Radio Mirror Park, manejé por horas enteras a través de la ciudad y sus alrededores. Unos cuantos peatones salieron mal librados de la faena. (Nota: Visitar optómetra, chequeo de la vista). Ayudé a un hipster a recuperar su billetera. El muy miserable solo tenía 100 dólares. Me sentí mal y quise darle algo de dinero. Salió corriendo. Esta ciudad está llena de desgraciados como éste, claramente programados por una inteligencia inferior.

Día 5.

Cinemas, playas, un parque de atracciones y carreras callejeras. ¿Qué más? Yoga, paracaidismo, caza, triatlón, etc. Los Santos y sus alrededores ofrecen mil opciones para distraerse y en eso radique tal vez mi depresión. Todo el mundo busca entretenerse y ya. No hay propósito, no hay aspiraciones. Algo en esta ciudad huele muy mal. Su gente no tiene ideales, no tiene convicción. ¿Qué se puede esperar? Viven pendientes de sus teléfonos iFruit todo el día. Se la pasan pegados al Life Invader pero no tienen ningún interés en la humanidad. Yo trato de hacer amigos y amigas pero siempre termina mal. La gente sale corriendo si me acerco demasiado. Si estrello a alguien con mi camioneta para llamar su atención, se baja un inmigrante ilegal y me apunta con un arma. Esto siempre saca lo peor de mi. La violencia de esta ciudad resume la crisis existencial que me atormenta.

Día 6.

Otra vez la misma pesadilla. Por enésima vez me despierto a la salida de algún Hospital y mi cuenta bancaria se reduce en cinco mil dólares por concepto de gastos médicos. A este ritmo tendré que tener la misma pesadilla siete mil veces para acabar con todo mi dinero. Todo es muy…¿cómo era la palabra? Ah, si. Kafkiano. Todo es muy kafkiano en Los Santos. ¿Qué es lo que tiene esta ciudad? ¿Qué es Los Santos? ¿Qué hay allá afuera? Mañana lo sabré. (Nota: Pedirle a Michael los datos de su siquiatra)

Tratando de hacer nuevas amistades.

Tratando de hacer nuevas amistades.

Día 7.

Al diablo con el siquiatra, lo había decidido, me iba a largar de esta ciudad para siempre.

“El plan era sencillo. Ir hasta el aeropuerto, robar un avión y adiós a Los Santos.”

Llego al aeropuerto a duras penas. Apenas derribo las puertas de acceso a la rampa tengo a la policía encima. Localizo un Buckingham Shamal, lo abordo, enciendo motores. Despego. Pan comido. Enfilo en dirección sur-este y trazo una ruta hacia el extremo inferior derecho del mapa en mi pantalla. Desde la cabina solo puedo ver la inmensidad del océano y el sol que se comienza a esconder.

“De repente, los motores del avión se apagan. ¿Combustible? Nunca me había quedado sin gasolina en Los Santos. El cochino avión comienza a perder altitud. Compruebo que efectivamente he llegado al extremo del mapa. No me queda más remedio que planear y tratar de amerizar. Logro salir de la aeronave antes de que sea absorbida por la oscuridad del mar.”

Lejos de Los Santos.  Rumbo a Liberty City tal vez.

Lejos de Los Santos. Rumbo a Liberty City tal vez.

Y ahí estaba, flotando como un corcho en medio del océano, a no sé cuantos kilómetros de tierra firme. No me amilano y comienzo a nadar vigorosamente hacia algún lugar, cualquier lugar, lejos de Los Santos. Lejos de Michael, del FIB, de los Hipsters; de todas esas pequeñas y mezquinas distracciones en Los Santos. Pero no avanzo. Es como si hubiera dado contra una pared. Nado y sigo nadando pero sigo en el mismo sitio.

“Y ahí es cuando entiendo todo. De verdad, todo. Estoy atrapado en este maldita ciudad de por vida.”

Mi existencia no tiene cabida por fuera de los límites de su mapa. Comienzo a gritar como un loco. O tal vez ría, no lo puedo decir con certeza. Me siento como el protagonista de aquella película, The Truman Show. Si Dios existe seguramente es un tipo con alguna consola de videojuegos y mucho tiempo entre manos. Tan sólo con imaginármelo me quiero morir. Incluso para alguien curtido como yo, la idea parece demasiado cruel. Trevor Phillips: una mala parodia de tu villano favorito.

Dios es un desadaptado, fofo y feo.

Dios es un desadaptado, fofo y feo.

No sé cuanto tiempo estuve ahí, flotando y mirando las estrellas; pero cuando recupero la compostura, ya ha caído la noche. Nadé como nunca antes, capoteé cada ola con vigor. No sabía cuánto me tomaría regresar pero me sentí revitalizado al pensar en mis aviones, los carros y las chicas. Hasta pensé en que tenía que volver tan sólo para persuadir a Franklin que dejara de escuchar esa música horripilante que tanto le gusta. Trato de orientarme y pienso que después de todo, tal vez, Los Santos no es un mal lugar.

Por suerte el GPS de mi celular aún sirve. De repente, y de la nada, un punto rojo en el mapa comienza a acecharme. Me sumerjo y descubre la causa del punto rojo: un enorme tiburón blanco. Justo ahora, justo cuando había recuperado las ganas de vivir, de volver a jugar, maldita sea. Reviso mis bolsillos. Tengo un lanzacohetes, una 9 milímetros y una sub-ametralladora. ¡Lo sé, parece increíble! Pero, para desgracia mía, no tengo ningún cuchillo. El animal se acerca una vez y lo esquivo. O más bien, él me esquiva a mí. Es como si el animal entendiera sobre efectos dramáticos.

“Un zarpazo del animal, unas cuantas sacudidas que me hacen ver como un muñeco de trapo y ya está. El agua se tiñe de rojo.”

Es más fácil ser devorado por un tiburón blanco, que escapar de Los Santos.

Es más fácil ser devorado por un tiburón blanco, que escapar de Los Santos.

Oscuridad.

Estoy flotando, una vez más, pero está vez es distinto. Mi alma parece estar suspendida en el aire porque puedo ver mi cuerpo desangrándose y entonces escucho voces. Es, creo, la voz de Dios. Charla con un ángel, o alguien que se le parece,

–¡Boom! Tómalo cabrón! ¡Lucy, Lucy! ¿Viste eso? ¡Vino un hijo de puta tiburón y se lo comió! ¡Ja,ja,ja!

–¡Eeew! ¡Qué asco! ¿Pero bien, no? ¿Acaso, ese no era el más malo de esos tres chiflados? Justicia divina que llaman.

–¡Qué va! Los tres son igual de perversos.

–Bueno, ya está. Apaga ese aparato y vamos a…

Las voces se desvanecen lentamente y todo queda en oscuridad y silencio.

La vida en Los Santos es como en un videojuego. Todo se reinicia apenas mueres. Despiertas y te encuentras a las afueras de un Hospital. De tu cuenta bancaria se han descontado 5 mil dólares. Y así, en Los Santos, todo vuelve a comenzar. Día 1.****

Un pensamiento en “GTA V-El diario de Trevor Phillips

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